La siguiente historia es cierta, pasó en la localidad de Valle Hermoso, un pueblo tan pequeño que todos se conocen entre ellos, lleno de campesinos sumisos, representados por el alcalde Patricio Pallares, un hombre amable y bien parecido. Nadie pensaría que en este lugar encantador se esconde un oscuro y perturbador secreto: las personas desaparecen continuamente y al ser encontrados los cuerpos, mostraban una gran tortura física, pero lo más extraño es que ninguno tenía sus ojos. Por orden del alcalde a las autoridades, se tomó la decisión de mantener en secreto este evento para no preocupar al pueblo.
—La mayoría de las personas desaparecidas han sido identificadas como individuos que tienen antecedentes de abuso de sustancias, ya sea drogas o alcohol —declaró un oficial ante las preguntas que comenzaban a surgir—. Estos individuos tienden a desaparecer frecuentemente para continuar con su estilo de vida de fiestas y consumo.
No obstante, la tensión en el aire era palpable y las noches en Valle Hermoso se volvieron una pesadilla, manteniendo al pueblo en alerta.
Pallares, admirado por todos debido a su aparente bondad y liderazgo, era considerado el milagro que la comunidad necesitaba para prosperar. Su habilidad para gestionar los asuntos del pueblo, siempre con una sonrisa encantadora y palabras de aliento, se había ganado la confianza y el cariño de los habitantes de Valle Hermoso. Fue invitado a la celebración del 50° aniversario de la escuela Gabriela Mistral, se encontraba observando el acto cuando un joven estudiante se acercó tímidamente al alcalde. Sus ojos brillaban de admiración.
—Señor alcalde, solo quería decirle que admiro mucho su trabajo —dijo el joven con la voz temblorosa de la emoción—. Usted es mi ejemplo a seguir y, cuando sea grande, quiero ser como usted.
El alcalde se inclinó ligeramente para quedar a la altura de joven, su sonrisa tan cálida como siempre.
—Muchas gracias, joven. Es un honor escuchar eso —respondió Pallares con voz afable—. Si lo deseas con fuerza y trabajas duro, estoy seguro de que serás un líder incluso mejor que yo. Espero grandes cosas de ti.
El chico, con los ojos llenos de esperanza y determinación, sonrió ampliamente, sintiéndose inspirado y motivado por las palabras del alcalde que tanto admiraba.
A las afueras del pueblo se encuentra una mina abandonada, Pallares mantenía a los habitantes a distancia de esta advirtiendo sobre la presencia de explosivos activos y fosas que ponían en riesgo la vida de cualquiera. A menudo, organizaba reuniones comunitarias en las que hablaba de la importancia de la seguridad y del peligro inminente que la mina representaba. Con su voz firme y persuasiva, describe escenas de accidentes fatales y explosiones devastadoras que podrían ocurrir si alguien se atrevía a aventurarse en ese lugar prohibido. Además, mencionaba la existencia de gases tóxicos que podrían ser letales si se inhalaban. La explicación de Pallares era detallada y convincente, llenando a los habitantes de miedo y respeto por la mina.
Con todo esto dicho, Pallares jamás imaginó que el joven estudiante sería capaz de ignorar sus advertencias y se aventuraría a seguirlo. Debido a la gran admiración que tenía por el alcalde, decidió averiguar su rutina diaria. Grande fue la sorpresa del chico al ver cómo el alcalde se adentraba a la mina, pero convencido de saber todo de su ejemplo a seguir, reunió valor y se adentró en los oscuros y silenciosos túneles. Al estar dentro, un sentimiento lo abrumó: el terror. La sensación era tan fuerte que sentía que mil manos tiraban de él para sacarlo de la mina. No comprendía el por qué, hasta que llegó al final del túnel.
Quedó petrificado al ver la cruda escena. Cadáveres mutilados, colgados en ganchos en el techo y restos humanos esparcidos por el suelo, evidenciando los horribles actos cometidos en tan oscuro y lúgubre lugar, en un rincón se encontraba el alcalde vistiendo un delantal de carnicero cubierto de sangre, cercenando un muslo. Pero lo que más miedo le causó fue la expresión tranquila que tenía, aun cuando sus ojos demostraban lo espeluznante que era en el interior.
Con el corazón latiendo con fuerza el joven se apresuró a salir corriendo, sin saber que desde que puso un pie dentro de la mina, ya estaba condenado a un trágico final en aquel infierno subterráneo. Antes de poder escapar, el alcalde apareció frente a él, con su característica sonrisa encantadora.
Sin embargo, detrás de cada encantadora sonrisa que mostraba se esconde un perturbador secreto. Pallares padecía una extraña condición psicológica que lo hacía incapaz de sentir empatía por otros seres humanos. Este trastorno, conocido como TPA, lo hacía comportarse de manera fría y despiadada, su falta de empatía le permitía cometer actos horribles sin remordimiento alguno, sin importarle el sufrimiento que inflige a las víctimas que torturaba, además de haber nacido con CIPA lo que le permitía dañarse a sí mismo físicamente sin sentir malestar.
Con el tiempo, notó lo diferente que él era, al no poder sentir nada, emocional o físicamente, comenzó a desarrollar un interés macabro por el dolor ajeno, los gritos de las víctimas rogando que se detuviera, por la sangre escurriendo de las heridas abiertas que él provocó, por ver cómo se retorcían del dolor y cómo temblaban de miedo al sentir su presencia cerca, se convirtió en un obsesivo placer. En la oscuridad de los túneles olvidados, llevó a cabo sus siniestros rituales, devorando la carne humana, cometiendo actos atroces con los seres humanos que caían en sus garras, incluso cometiendo necrofilia con cadáveres femeninos.
Pallares agarró al chico por el brazo y lo llevó más adentro de la oscura y fría mina. Mientras caminaban el alcalde comenzó a hablar, su voz reverberando contra las paredes de piedra.
—Sabes, muchacho, es una lástima tener que hacer esto. En serio me agradabas.
El joven aterrorizado y confundido, trató de resistirse, pero el agarre del alcalde era firme e implacable. Llegaron a una cámara más amplia y Pallares soltó al joven, mirándolo con ojos llenos de malicia, pero manteniendo una siniestra sonrisa que demostraba lo feliz que estaba por tener un nuevo cuerpo en su poder y unos bellos ojos verdes para añadir a su colección.
