Dicen que, al nacer, cada alma es depositada en una canoa. No hay preguntas, ni mapas, ni brújulas: solo el rumor del agua. La travesía comienza antes de que uno sepa que está vivo. Ella abrió los ojos y ya estaba allí. Sin recuerdo de partida, sin promesa de llegada, con el cuerpo entregado al vaivén…
