Soy el hombre del vaso medio lleno. Camino por las calles del centro de Santiago a las 7 de la mañana, solo, porque no tengo ni un mango para pagar un pasaje de micro, pero, aun así, soy el hombre del vaso medio lleno.
Me sirve caminar, pienso, así hago algo de ejercicio para bajar la panza enorme que tengo por estar todo el día sentado frente a un computador. Soy el hombre del vaso medio lleno.
La gente me dice que me hace bien caminar, respirar bajo los árboles, esos estúpidos plátanos orientales, aunque me llene de mocos y estornudos, pero, aun así, soy el hombre del vaso medio lleno.
Pero lo que no le digo a nadie es que camino, solo para ver si encuentro plata botada en el suelo. Ahí veo el vaso medio vacío, porque ¿quién chucha anda con efectivo estos días?
Mientras camino, veo a las personas sin hogar, que duermen como pueden en las plazas, bajo los árboles, abrigados en ropas de cama enormes para pasar el frío, y ahí el vaso se me vacía por completo.

