Asumo que la mayoría no quisiéramos levantarnos hasta que el reloj en la mañana llegué a la punta, pero sé que ustedes están despiertos a esta hora. Nueve de la mañana. Los visualizo trabajando en sus rincones de Valparaíso, Puerto Montt, Concepción, Tarapacá, y en el gran Santiago. En mi investigación más reciente sobre literatura en el mundo y, por supuesto, en Chile, llegué a la conclusión de que nuestro país recae en el universalismo. Puedo decir que los he leído a varios de ustedes, compañeros que escriben porque aman el alfabeto, la poesía, el arte y escribir en sí, y jamás he sentido que los esté realmente leyendo salvo unos pocos. ¿Eres tú el que escribe cuando dices que tu personaje se puso una remera o una camisa, cuando andas con polera todo el día? ¿Eres tú que tienes polola o pololo, recitando que la palabra novia/o es preciosa? No te juzgo porque yo misma he pecado de querer ser más bacán e intelectual, dentro de ese mundillo donde los veo a todos escribiendo desde la mansión en Nueva York de la señora Smith y no desde Puente alto, porque las novelas no pueden suceder en lugares donde vives, no vaya a ser que venda menos, como si alguno de nosotros se ganase realmente el pan así. Llevamos la lengua en la sangre y algunos eligen que no circule en sus libros, en sus poemas, en los escritos que llevan años guardados en el cajón. Corrigen minuciosamente, no vaya a ser que se les escape un cachai, guagua, weón. Yo que he sido una de ustedes no entiendo cúal es el miedo, ¿Qué puede pasar? ¿Por qué los vecinos no piensan tanto antes de poner en sus libros un boludo, un pendejo, un gilipollas? ¿Acaso hablar como chileno es menos poético? Me cuesta entender que haya menos poesía en el país que se despierta tocando la cordillera con los brazos y el mar con la punta de los pies.
Solo algunos, pocos, están haciendo poesía con el Diccionario chileno como mantra, y otros escriben sobre esos paisajes que no conocen teniendo la maravilla del edén a un bus de distancia. Con lo hermoso que es el Poh y lo mucho que lo usan todos ustedes, a los que dirijo mi carta, jamás lo he visto en papel con tinta corrida ni por accidente. ¿Qué literatura hacemos en Chile?
Con mucho cariño,
espero que la carta le llegue a todos esos escritores, incluyéndome a mí.
Fernanda c.a

