Samuel dejó caer el bolso junto a la silla. La taza sobre la mesa tembló y el café se derramó un poco por los bordes. Afuera la tarde seguía ocurriendo con una normalidad irritante: estudiantes cruzando la calle, autos detenidos en el semáforo y una mujer riendo demasiado fuerte cerca de la entrada de la cafetería. Todo seguía funcionando igual que siempre.
Lucas llevaba varios segundos observando a Samuel. Primero las ojeras bajo sus ojos, después la cajetilla de cigarrillos que sobresalía del bolsillo de su polerón y finalmente volvió a encontrarse con su mirada.
—¿Por qué me ves así? —preguntó Samuel con desgano, acomodándose apenas en la silla.
—¿Desde cuándo fumas? —apuntó Lucas con el dedo índice la cajetilla en el bolsillo—. Por lo que recuerdo, siempre odiaste el olor.
—Supongo que las cosas cambian… No sé, ni siquiera me di cuenta, solo pasó.
—Te creo… ya son cuatro meses sin verte —dijo Lucas sin apartar la mirada—. Te escribía, te llamaba… y nunca respondiste.
—Sí, lo sé —bajó la vista a la mesa jugueteando con el borde de la taza—. No era por algo en específico. A veces… no sé, se me pasaban los días no más.—suspiró Samuel—. A él le molestaba un poco cuando salía mucho… Decía que después estaba raro, que me veía más cansado y tenía razón, creo.
—Te ves distinto, Samu —expresó Lucas con un suspiro, recostándose en la silla—. Más flaco… no sé. ¿Pasó algo con él?
—No pasó nada grave, solo… discusiones, lo normal —contestó, desviando la mirada hacia la ventana—. Él dice que cambié, que ya no soy el mismo… que antes era más cariñoso, atento. Y supongo que es verdad.
—…
—Después de que volvimos… yo también estaba distinto, hay muchas cosas que ya no hacía —agregó, en un tono más bajo—. Le pedí perdón por eso.
—¿Le pediste perdón por no poder fingir?
—No, no es fingir —corrigió rápido—. Fue por no ser el de antes, por no poder demostrar las cosas igual —dijo con una tensión leve en la voz—. Le expliqué que realmente lo amaba y que me perdonara por no poder demostrarlo.
—…
—Entonces esa tarde le dije que estaba cansado, que no quería hablar. Y él me dijo que siempre estoy cansado, que nunca quiero hablar, que ya no lo busco primero, que ya no lo abrazo, que no lo toco—se encogió levemente de hombros—. Supongo que es normal que le moleste.
Antes de seguir hablando, Samuel dio un pequeño sorbo al frío café que tenía frente a él. Luego se quedó mirando el líquido restante en el borde de la taza y continuó.
—Yo solo… ese día no pude hacer mucho más. Pero no es como que lo hiciera a propósito. — bajó la mirada hacia sus manos. —Después desperté raro —continuó, más bajo—. Como desordenado, como si no hubiera descansado bien, me dolía el cuerpo…
Se quedó pensando un segundo.
—No sé —corrigió rápido—. Solo son cosas mías, ya sabes que a veces me pierdo en lo que digo.
El silencio se extendió entre ambos.
—Igual estoy exagerando… —murmuró al final—. Él me quiere mucho.
Lucas lo miró un segundo más de lo normal, sin responder de inmediato.
—No sé cómo decirte esto, Samu… pero hace rato no suenas como tú.

