Limbo
El apoyo de la cabeza al vidrio te sobrelleva a la vibración del pensamiento sobre con que comenzar sin antes haber comido. Los audífonos son el puente endeble para ignorar los centímetros del hombro de un extraño, con quien se comparte el mismo aire sudado. La regla de oro es fingir que (tú) no existe(s). Despierta la humanidad al toque de un timbre.
Intemperie de la Frescura
Polígonos reflectantes escarchan en su interior para derretir la desértica ciudad. El relleno de grasa acumulada del algodón de azúcar acompaña la frecuencia por segundo que pestañean las vitrinas de cada tienda. A la vuelta cierran las compuertas vigiladas por el faro que alumbra los entes olvidados.
Sintética Realidad
Cerámica y madera armónica contrarrestando los conventos intelectuales acerca de la materia prima de una vienesa. Detallar la opacidad verde de la masa, mucho más que los polímeros plásticos que recubre la sensación del espacio terrenal simulado.
Tetris
Millones de figuras intranquilas sostenidas por la baldosa que pisamos antes de que alguien nos choque con un carro de frituras o un parlante a todo volumen. Espacio liminal que jamás consideramos a pesar de siempre habitar en él. El olvido solo nos recuerda cada día inexistente, como lo son los habituales saludos en el Paseo Ahumada: una catarsis de indiferencia con hombros compuestos por átomos de desprecio. Estamos encerrados en el domo donde la desconfianza resplandece en la orina de los postes. La humanidad
descansa en los fragmentos de la amabilidad.

